Las palomas y el hambre…
Puntuales, llegan cada mañana, alrededor de las 6:00. A esa hora sólo escucho el revolotear de su aleteo y sus breves pero decididos intentos de predominio. Sacian su hambre y su sed, entonan sus melodías, juguetean un rato ejercitando sus bríos y elevan su vuelo despertando en mí el viejo anhelo de tener alas, volar, surcar los cielos, libre y sin rumbo previsto. Planeando como albatros sobre el océano. Por las tardes, sus cantos tristes pueblan mi balcón, las notas graves de sus voces hablan, tal vez, de alguna pasión que se extinguió, de algún nido olvidado, de aquel o aquella que, entre la bruma de una mañana, se extravió…