“Ya hoy hablo libre, ya digo cualquier tontería, ya no importa, ya total, yo ya me voy”.
En unos días, el Presidente Vicente Fox estará concluyendo su gestión y se irá, según lo ha dicho repetidamente (y si Marta lo deja)., a descansar a su rancho en Guanajuato, que, según crónicas periodísticas, luce ahora muy distinto a como se encontraba en el 2000.
Es indudable que durante su Gobierno, que de arranque fue cuestionado por el asunto del financiamiento ilegal a su campaña a través de los Amigos de Fox, el Presidente tuvo aciertos, tal y como ha ocurrido a lo largo de la historia, pues en cada sexenio siempre hay cosas positivas, e, igual que ahora, también cosas negativas.
Por ejemplo, durante el sexenio foxista, según cifras del Fondo Monetario Internacional, se estancó el PIB per cápita, ubicándose en el lugar 57, que representa un descenso de 8 lugares respecto del año 2000.
Además, según estadísticas del Banco de México, aumentó el precio de la tortilla dos veces la inflación, y según análisis del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social, durante 2005 no bajó la pobreza en México, y, en contrapartida, hemos visto como en este sexenio se derrochó una cantidad exorbitante de dinero para promocionar un país idílico que la mayoría no detectamos.
Pos si fuera poco, durante el sexenio foxista se disparó el precio de la luz y del gas doméstico, y, para cerrar con broche de oro, acaban de aumentar el diésel y la gasolina, Además, en esta administración se incrementó el número de emigrantes, así como el índice de inseguridad, que se extendió a todo el país, sin olvidar ni pasar por alto la indebida intromisión de Fox en el proceso donde resultó electo Felipe Calderón.
Lo bueno es que este sexenio ya va de salida y, como sucede cada seis años, renacerá la esperanza de que con el nuevo Presidente nos vaya mejor a todos y no sólo a los “cacaistones” del país, como tradicionalmente ha ocurrido.